sábado, 20 de mayo de 2017

Algunas Sugerencias Bíblicas Para La Tercera Edad



Mucho se escribe dando consejos en mensajes para los jóvenes, pero pocas veces se hace para adultos mayores y raras veces hay para los más viejos. Pareciera ser que solo nos importara las generaciones jóvenes y abandonáramos las viejas, no obstante, la Biblia da consejo para los de edad adulta mayor a igual como para los jóvenes.

A continuación, damos cinco sugerencias con base bíblica para cristianos de tercera edad, al hacer lo hacemos como respeto y el amor de Jesús:

1)    No trate de aparentar o presentarse como un joven cuando no lo es. No hay nada más chocante que el ver a las abuelas en minifaldas con la cara cubierta de varias capas de maquillaje y pintura con las que tratan de esconder lo obvio, señoras y señores, es normal que los viejos tengamos arrugas y digo señores porque los varones pueden hacer cosas parecidas. Con lo anterior no estoy diciendo que sea malo arreglarse y pretender proyectar la belleza con dignidad, personalmente creo que los cosméticos usados en moderación pueden ayudar a las hermanas a alcanzar esta meta, máxime cuando logramos entender que esos toques que agregamos a lo que Dios ha hecho, son solo para acentuar la obra de Dios, no para arruinarla o deformarla.
La exageración o abuso del maquillaje, demuestra una inconformidad que es contraria al contentamiento que la Biblia manda en textos como 1 Timoteo 6:6…8 y Filipenses 4:11…13. Sé que estos textos se aplican directamente a la conformidad con nuestra situación económica pero también pueden ser aplicados indirectamente a la aceptación del proceso natural de envejecimiento. Tal como Pablo había aprendido a estar contento en cualquier circunstancia económica de su vida así también nosotros, con la ayuda de Dios, podemos estar contentos en cualquier etapa de nuestras vidas, seamos jóvenes, adultos de edad media o ancianos.

2)    Disfrute la vida que Dios le ha dado. Pablo era ya un adulto mayor como cualquier otro cuando escribió “Regocijaos en el Señor siempre, Otra vez os digo regocijaos” Filipenses 4:4.
Da pena ver a ancianos deprimidos que se han rendido con la vida y no tienen otro deseo sino el dormir, quizás ver algunas telenovelas en casa y no querer salir de paseo. Aunque requiere esfuerzo, los ancianos cristianos deben esforzarse en salir y vivir, asistiendo a todas las reuniones que puedan asistir, visitando a enfermos y sirviendo a los hermanos mientras puedan. Si su salud no permite que salgan, pueden leer la palabra de Dios en su casa, invitar a los hermanos a visitarlos y hablarles del cielo, de la palabra y de la esperanza que Dios nos ha dado.
El salmista luego de hablar en Salmo 92:12 y 13 del justo que iba a florecer como la palmera, dice en los versículos 14 y 15, “Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos, para proclamar: «El Señor es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia.”  Yo he visto y doy testimonio de como los ancianos que siguen a Jehová tienen una fuerza interior que los del mundo no tienen.

3)    Gócese con las bendiciones que acompañan la edad. La mayor bendición que nos llega con la edad es la sabiduría que se acompaña con la experiencia. Algunos lectores del blog, me han preguntado si me gustaría volver a tener veinte años, no sé si maliciosamente o seriamente, pero a las dos formas respondo que si pudiera volver a tener veinte años con la experiencia que tengo ahora con mis sesenta y ocho hoy en el 2017, lo haría. Pero es imposible. La experiencia únicamente viene con la edad; por esa razón Dios quiere que los de edad mayor enseñen a los jóvenes (Tito 2:3). Dentro de todas esas cosas que estamos llamados a enseñar, existe la necesidad de enseñar a las generaciones jóvenes a preparar su futuro ese futuro que ahora es el presente nuestro, para que cuando ellos lleguen lo encuentren en mejores condiciones que las actuales para su propio beneficio.

4)    Evite los pecados que acompañan la edad. Tal como hay pasiones juveniles, hay algunas tentaciones que afectan a los ancianos en particular. Pablo hace alusión a algunas de ellas en Tito 2.
Pablo habla del no ser sano en amor y paciencia (Tito 2:2) y es que cuando las aflicciones de la edad comienzan a agobiarnos es fácil dejar que dos actitudes no sanas nos apoderen:
(a) El enredarse en preocupaciones acerca de nosotros mismos, el hablar continuamente con todo el mundo acerca de nuestras visitas a los médicos, nuestra medicina, nuestros dolores y nuestros problemas. Cuando estamos tan enredados en nosotros mismos, no somos amorosos con los demás. El amor es preocuparse principalmente por otros. Tratemos de no tomar tanto a pecho nuestros dolores para que podamos enfocarnos en el amor y el servir a otros.
(b) Todo nos molesta: los niños y jóvenes, la política, los cónyuges, etc. Si no tenemos cuidado podemos llegar a ser como viejos refunfuñones, criticando a todos y siempre enojados con el mundo. Dios no quiere este espíritu malhumorado entre sus ancianos, sino que sean sanos en amor y paciencia.
El ser esclavo del vino y de drogas “para los nervios” (Tito 2:3) A veces los médicos recetan drogas para el dolor y los nervios las cuales pueden ser útiles y necesarias en ciertas circunstancias pero que también pueden llegar a ser nuestros amos. Los cristianos van a tener cuidado con este peligro.

5)    Añore el cielo. Cuantos más años tengamos, ¡más cerca estamos al cielo, nuestro hogar eterno! “… Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando aceptamos al Señor Jesús (Romanos 13:11). Esta verdad debe llenarnos a los ancianos con alegría y entusiasmo. Aunque es verdad que el cruzar el río de la muerte muchas veces no es nada agradable, Dios nos dará la fuerza para hacerlo y al otro lado del río, hay bendiciones que no podemos captar ni imaginar. Halla se termina de cumplir Corintios 2:9 “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman  
“Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” (2 Corintios 4:16, 17).

La muerte debe ser integrada al ciclo de la vida como hecho natural, lo que no implica despojarse de los miedos y las interrogantes que el hombre ha procurado responderse desde sus inicios, sino por el contrario, tenerlas presente en como una realidad que ha de venir y que dará paso a una gran recompensa.

Que Dios nos ayude a tener esta fe y confianza para que el alcanzar la mayoría de edad no nos traiga la depresión, sino la esperanza, la fe y los años más fructíferos de nuestras vidas.   

viernes, 12 de mayo de 2017

Aprendiendo Sobre El Envejecimiento Activo Parte 2



Deuteronomio 34:7 “Moisés tenía ciento veinte años de edad cuando murió. Con todo, no se había debilitado su vista ni había perdido su vigor” NVI. Moisés guio el éxodo de su pueblo durante sus últimos cuarenta años de vida y en un desierto…

Mantener la autonomía y la independencia de las personas mayores es un objetivo clave en el marco de políticas para el envejecimiento activo.

El envejecimiento tiene lugar en el contexto de amigos, compañeros de trabajo, vecinos y miembros de la familia. Esta es la razón por la que la interdependencia, así como la solidaridad intergeneracional son principios importantes del envejecimiento activo.

La OMS define el envejecimiento activo como un proceso de optimización de oportunidades de salud, de participación y seguridad cuyo último fin es mejorar la calidad de vida de las personas que envejecen, es decir, estamos ante una realidad multidimensional que engloba las buenas condiciones de vida objetivas y a la vez un alto grado de bienestar subjetivo.  

Hubo y aún persiste en muchas esferas, un pensamiento ya desfasado, en el que de alguna manera al enfocar la gradual y natural retirada con la edad y los contactos sociales, siendo a la vez reforzada por la disminución biológica, por la pérdida de capacidades sensoriales y otros déficit, así como la vivencia de un acercamiento a la muerte, hacían que el sujeto tendiera a desvincularse, a retirarse y la misma sociedad contribuía a ello, con la jubilación que es apartarle de su vida activa, de sus entorno social, imponiéndole un retiro laboral que repercutía en su vida personal y en cierto modo le alejada de la sociedad, incluso apoyaron los estereotipos sociales en términos de "viejísmo", hoy el cambio nos lleva a hablar de solidaridad intergeneracional, tal vez para nivelar esa balanza.

Hoy hemos descubierto que la calidad de vida de las personas mayores pasa tanto por la valoración objetiva y subjetiva de aspectos personales como ambientales, tales como una autodeterminación, el sentido de sus vidas, sus metas o el sentimiento de pertenencia. Muchos estudios realizados sobre estas poblaciones demuestran, por ejemplo, entre otras variables la importancia que tiene el sentimiento de soledad en la calidad de vida. La soledad, una escasa red social y apoyo suele ir muy vinculada a bajos índices de calidad de vida y a su vez ello puede incidir en la propia salud física, en el bienestar y en definitiva en su valoración de la vida.

El paradigma de envejecimiento activo busca promover la autonomía y la participación de los mayores en la sociedad, aprovechando el potencial que existe en esta población.

De hecho, podríamos resumir en tres grandes pilares el envejecimiento activo:

·         factores biomédicos (salud y estado funcional),
·         psicológicos (funcionamiento cognitivo, personalidad),
·         sociales (como la participación social, apoyo social)

Así es como el envejecimiento activo no sólo pretende potenciar la salud y la autonomía del individuo y el retraso o prevención de la discapacidad, sino también favorecer determinadas funciones cognitivas, emocionales y psicosociales que lleven al individuo a realizar una valoración positiva de su proceso de envejecimiento.

Los investigadores señalan que los ámbitos de actuación para el desarrollo de un envejecimiento óptimo giran en torno a una serie de áreas de intervención relacionadas con la:

·         Promoción de la salud a nivel físico y prevención de la discapacidad
·         Potenciar las funciones cognitivas
·         Desarrollo afectivo y de la personalidad
·         Potenciar la implicación y la participación socia

El paradigma de la solidaridad intergeneracional surge junto al concepto de envejecimiento activo en la Segunda Asamblea Internacional sobre Envejecimiento en el año 2002, de tal forma que ambos están unidos e interrelacionados potenciando el protagonismo de los mayores en la sociedad, sostienen que la solidaridad intergeneracional es fundamental en el desarrollo del envejecimiento activo, así como el eje fundamental para la igualdad y la equidad entre generaciones, a través del desarrollo de actividades que tengan en cuenta a todas y a cada una de ellas.


La solidaridad intergeneracional puede ser definida como “la ayuda mutua y la cooperación entre diferentes grupos de edades con el fin de lograr una sociedad donde las personas de todas las edades tienen un papel que jugar en función de sus necesidades y capacidades. Así mismo destacan que la familia es para muchas personas mayores una fuente de salud, de atención y de apoyo social, en la cual se potencia la solidaridad intergeneracional, de ahí la necesidad del estudio de estas relaciones.

Actualmente este paradigma ha pasado a denominarse como el “Modelo Solidaridad Conflicto Intergeneracional”, el cual sostiene y se centra en la relación generacional que nace a nivel intra-familiar, en la cual se desarrollan tanto relaciones solidarias como de conflicto entre los miembros de una misma familia, principalmente entre los padres de mayor edad y los hijos adultos.

Naciones Unidas a definido que “La solidaridad entre las generaciones a todos los niveles (las familias, las comunidades y las naciones) es fundamental para el logro de una sociedad para todas las edades”  

En la solidaridad entre generaciones el objetivo principal es la cohesión e integración entre generaciones, en la cual cabe tener en cuenta varios aspectos:

-        La solidaridad funcional: referida a aquella solidaridad que nace a través de la prestación de algo en concreto (dinero, tiempo o espacio)

-        La solidaridad afectiva: centrada en los sentimientos de las personas, correspondencia y pertenencia principalmente.

-        La solidaridad asociativa: llevada a cabo a través de las diversas actividades que se comparten

-        La Solidaridad Intergeneracional” que busca sensibilizar a la población sobre la contribución e integración de las personas mayores en la sociedad y promover medidas que generen mejores oportunidades para que los adultos mayores sigan activos, es decir velar por la mejora de las políticas centradas en el envejecimiento activo, tratando de eliminar los estereotipos y la discriminación por razón de la edad.

Rectificar la actual imagen negativa de la vejez, es, pues, una tarea cultural y educativa que debe comprometer a todas las generaciones. Existe la responsabilidad con los ancianos de hoy y del futuro, de ayudarles a captar el sentido de la edad, a apreciar sus propios recursos y así superar la tentación del rechazo, del autoaislamiento, de la resignación a un sentimiento de inutilidad, de la desesperación y así con las generaciones futuras, ir preparando un contexto humano, social y espiritual en el que toda persona pueda vivir con dignidad y plenitud esa etapa de la vida.

La práctica religiosa ocupa un lugar destacado en la vida de las personas ancianas. La tercera edad parece favorecer una apertura especial a la trascendencia. Lo confirman, entre otras cosas, su participación en gran número en las iglesias; el cambio decisivo en muchos ancianos que se acercan de nuevo a la Iglesia después de años de alejamiento y el espacio importante que se da a la oración: ésta representa una aportación invaluable al capital espiritual de oraciones y sacrificios del cual la Iglesia se beneficia abundantemente y que ha de revalorarse en las comunidades eclesiales y en las familias.

La comunidad eclesial debe hacer lo posible por ayudar al anciano a vivir su vejez a la luz de la dignidad con la que lo revistió el Creador y a redescubrir por sí mismo el valor de los recursos que todavía está en condiciones de poner al servicio a los demás y que tiene la responsabilidad de dar a los demás. El anciano debe ser siempre más consciente de que tiene aún un futuro por construir, porque todavía no se ha agotado su tarea misionera de dar testimonio a los pequeños, a los jóvenes, a los adultos y a sus mismos contemporáneos, de que fuera de Cristo no hay sentido, ni alegría, tanto en la vida personal como en la vida con los demás.