viernes, 11 de enero de 2019

Factores Importantes En La Etapa De Vejez


Hoy día, más personas de la tercera edad luchan por mantenerse activos dentro de la vida moderna, siendo útiles a la sociedad. Don Humberto es un señor de 90 años que sigue viviendo su vida tal y como lo hacía cuando tenía 50: maneja, sigue al frente de su propio negocio, viaja y lleva personalmente sus cuentas de gastos. ¿Será esto posible o don Humberto es una excepción?

Dentro de la sociedad existe la creencia de que con la vejez las facultades mentales se pierden, pero nuevos estudios tratados por especialistas en el tema, demuestran que estas facultades no se pierden, sino que se transforman cuando el cerebro envejece. Es una realidad, actualmente más personas de la tercera edad se esfuerzan por mantenerse activos dentro de la vida moderna. Demostrando que son capaces de realizar muchas tareas y que pueden seguir siendo útiles a la sociedad.

Por desgracia hay todavía quienes ven a la vejez como una enfermedad. Muchos piensan que cuando la persona envejece tiene menos capacidad intelectual.

Las conclusiones a que llegaron investigadores de la Universidad de Harvard después de realizar algunos estudios es que la mayoría de las personas conservan intactas sus facultades mentales por lo menos hasta los 70 años y un 30% llegan sin ningún problema a los ochenta o noventa años.

Se cree que es de gran influencia para que la persona se conserve lúcida el tener una preparación académica y llevar una vida productiva con diferentes intereses y pasatiempos, entre otras cosas. Por el contrario, quienes tienen una vida sedentaria o quienes no tienen metas por las cuales luchar, muestran un deterioro prematuro de su inteligencia. He ahí que podemos encontrar que hay personas viejas antes de haber cumplido los cincuenta años.

Es recomendable que la persona mayor trate de mantenerse al día en su ocupación, profesión, actividades o deporte que practique, pues además de tener la capacidad para hacerlo esto le ayudará a mantenerse lúcido.

Pérdida de memoria

Otra de las creencias es que cuando se llega a viejo comienza a perderse la memoria. Durante muchos años se ha pensado que, al envejecer, las neuronas mueren más rápido que antes y se va perdiendo la memoria.

Un estudio realizado en la Universidad de Boston demuestra que con la edad lo que se atrofia son los canales de comunicación de las neuronas, pero todos los datos almacenados permanecen intactos. Esto quiere decir que los ancianos pueden seguir siendo muy inteligentes, aunque la velocidad de su pensamiento sea menor. A más edad se conoce más y se tienen más experiencias.

Lucidez

No es una garantía que quien ejercite su cerebro lo mantendrá lúcido, aunque en muchos casos puede ser de gran ayuda para que este se conserve sano al llegar a la vejez.

Para ayudarlo a mantenerse joven, muchos geriatras hoy día recomiendan a los ancianos a aprender cosas y oficios nuevos. Aquí se puede poner en práctica el viejo adagio de que " nunca es tarde para aprender".

Las nuevas experiencias ayudan al cerebro a desarrollar nuevos canales de comunicación en las neuronas y quienes son más flexibles en su pensamiento y son creativos favorecen en gran parte su agudeza mental.

Otro factor que ayuda a mantener en forma el cerebro es vivir una vida emocionalmente estable. Esto ayuda no sólo a los ancianos, sino a cualquier persona, a realizar sus actividades intelectuales con más calma y precisión.

Quienes creen que sólo gozando de salud física pueden mantener una salud mental no necesariamente están en lo cierto, pues muchas veces los padecimientos de enfermedades físicas no atrofian para nada la capacidad intelectual de las personas. Pero no hay que olvidar que hay padecimientos que sí afectan las facultades mentales, tales como la arteriosclerosis y la hipertensión, aunque éstas no afectan sólo a las de edad avanzada sino también a personas jóvenes que tienen malos hábitos.

Se ha demostrado que personas de la tercera edad que padecen parálisis de algunos de sus miembros no ven afectada su capacidad mental y pueden desempeñar muchas actividades de carácter intelectual. Por otra parte, es recomendable hacer ejercicio en forma moderada pues el sobre ejercitarse no es garantía de conservar la lucidez.

Sabiduría

Existe una gran realidad que hoy día parece ser olvidada: La vejez está llena de sabiduría. Por fortuna no todas las sociedades modernas consideran que los ancianos son personas limitadas intelectualmente. Tal es el caso de lugares como China, donde ser viejo es ser sabio y las personas mayores gozan de una alta jerarquía en la sociedad.

Otros estudios realizados han demostrado que las personas mayores tal vez sean más lentas en realizar actividades intelectuales, pero las hacen con mucha más perfección que personas jóvenes y aunque tarden más tiempo en tomar decisiones se equivocan menos.

Los expertos geriatras afirman que el cerebro de un anciano no es inferior al de un joven, sino simplemente son distintos, al igual que el de un niño y un adulto. Mientras las personas jóvenes son más rápidas para pensar y hacer las cosas, tienen grandes huecos en información y los ancianos suplen la falta de rapidez con su experiencia y sabiduría.

Dignidad

Muchas veces el anciano es considerado como material de desperdicio que ya que en apariencia no tiene nada bueno que aportar al mundo activo y se cree que son carga para la sociedad, incluso mucha gente se sorprende de ver a personas de la tercera edad realizando actividades físicas y de trabajo como si fuera algo imposible. Mas ingrato aún, es que se imponga a la persona una fecha de caducidad al llegar a los sesenta años, obligándolos muchas veces a dejar sus trabajos y actividades para que sean ocupados por alguien "más joven y capaz".

Existe hoy día muy poco respeto y poca conciencia de los derechos que deben gozar las personas mayores. Es necesario que la sociedad actual retome aquel refrán: "Más vale el diablo por viejo que por diablo" y devolverle al adulto mayor su dignidad, reconocer y aprovechar sus experiencias, pues aquella sociedad que no sabe darle un lugar digno y respetable a sus viejos, muy poco podrá lograr en la búsqueda de derechos para "otros miembros de su sociedad" por mucho que se esmera.


viernes, 4 de enero de 2019

Si La Edad No Nos Hace Ancianos, ¿Qué Lo Hace?


Génesis 6:3 RV "Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años"  

Podríamos hablar de tipos de edades o atributos, pero para nuestro tema son relevantes dos de ellas: la edad psicológica y la edad social.

La edad psicológica hace referencia a las propias actitudes y creencias. Si una persona se considera anciana se comportará como tal, limitando sus deseos e intereses. No se trata de sentirse siempre jóvenes y actuar ellos, sino de evitar asociar la vejez a una etapa carente de oportunidades y sentido. Adaptarse a los cambios que conlleva el envejecimiento es clave para el bienestar emocional.

La edad social remite a las relaciones interpersonales. Somos seres sociales y necesitamos el contacto con iguales. La vejez en soledad acarrea graves riesgos, pues es la antesala del aislamiento y la enfermedad. Envejecer en compañía es garantía de una óptima edad social. Participar en actividades de grupo y compartir aficiones, gustos y preferencias con otras personas es un rasgo distintivo del envejecimiento activo.

No todas las personas envejecen a la misma velocidad. Las arrugas y los achaques, por molestos que resulten, no son sinónimos de ancianidad. La condición de anciano o anciana, se asocia generalmente con la dependencia extrema, que entraña la necesidad de ayuda en las actividades cotidianas, por sencillas que sean.

La edad no nos hace ancianos; al menos, si logramos retrasar sus efectos más negativos. La entrada en la ancianidad y con ella en una completa dependencia física y mental, nunca antes había sido tan relativa e imprecisa. ¡Celebremos los años cumplidos!

Los riesgos del envejecimiento parecen inquietarnos. La vejez es una etapa asociada comúnmente con deterioro, pasividad y dependencia. ¿Pero es realmente cierta esa suposición o se trata de uno de los abundantes estereotipos que rodean ese proceso?

Sin duda alguna, cada vez vivimos más años, pero calificar esta circunstancia como grave amenaza para la sociedad es más que cuestionable. Desde ámbitos con intereses muy diversos, especialmente los económicos, financieros y materialistas, se nos advierte de los supuestos peligros de la actual evolución demográfica. Se resaltan los pesados costes de soportar a la población envejecida.

Considerar negativo el hecho de que la mayor parte de la población alcance los 60 años o más resulta ciertamente incongruente. La mayor esperanza de vida no es sino el resultado de las mejoras socioculturales, económicas y sanitarias producidas a partir del siglo XIX. ¿Deberíamos renunciar a los beneficios logrados? Por fortuna, investigaciones académicas rigurosas ponen de manifiesto lo equivocado de los anteriores enfoques. En realidad, el uso correcto de los datos invalida los pronósticos interesados sobre los riesgos del envejecimiento.

Riesgos del envejecimiento generalmente generan una imagen distorsionada. Paloma Navas, doctora en Salud Pública por la Universidad Johns Hopkins, en USA, nos previene sobre los riesgos del envejecimiento. Sin embargo, se trata de un tipo de senectud muy especial, que ella denomina de forma inteligente “envejecimiento imaginario “.

¿Y qué es el envejecimiento imaginario?

Pues nada más y nada menos, el conjunto de creencias erróneas sobre la vejez que cada persona asume como inequívocas. Estas creencias se adquieren en la infancia más temprana y se alimentan a lo largo de la vida. Afectan, además, tanto a los mayores como a los propios profesionales sanitarios que trabajan con ellos. Cambiar las actitudes negativas hacia la vejez modifica su trayectoria. No existe una fecha de caducidad en la que se pueda tirar la toalla, afirma, tajante, la doctora. El contenido de la charla es excelente; su ponente, una gran comunicadora que nos invita a construir una sociedad para todas las edades. Una sociedad en la que quepamos todos, sin lugar para estereotipos discriminatorios en razón de la edad.

“Todos los viejos son iguales” es una expresión despectiva que pretende atribuir a todas las personas mayores características negativas comunes. Desde esta visión, la decrepitud, la rigidez mental o el mal humor se consideran menoscabos inherentes a la edad avanzada. Pero esta es una imagen equivocada de la vejez, que forma parte de los muchos prejuicios que suelen acompañarla. Achacar un conjunto de rasgos a un grupo de edad es un estereotipo social muy generalizado. Ya en la antigua Roma, el filósofo Cicerón señalaba lo erróneo de este supuesto en su obra De Senectute.

Los niños, jóvenes o adultos no son iguales entre sí. Tampoco lo son las personas mayores; entre estas, incluso, predomina más la variabilidad que en ningún otro grupo de edad. En primer lugar, debido a los dilatados márgenes de la vejez, que abarcan desde los 60 hasta los 90, 100 y más años; además, porque cada historia biográfica es fruto de una larga trayectoria vital que esconde experiencias concretas. Mas allá de ciertos aspectos generacionales, existen enormes diferencias interpersonales entre quienes han llegado a la vejez.

No; no todos los viejos son iguales

El lugar de nacimiento, el contexto familiar, la educación y formación recibida, la ocupación laboral y por supuesto, el status socioeconómico alcanzado son factores que determinan la experiencia vital del individuo. Por esta razón, las generalizaciones acerca de la vejez y las personas mayores son injustas y engañosas. No deben aplicarse a un grupo heterogéneo características que solo corresponden a algunos de sus miembros. El envejecimiento humano no es un proceso uniforme y en su evolución intervienen factores complejos; entre otros, el modo de afrontar las transformaciones originadas por el paso del tiempo.

Los expertos en Gerontología aseguran que se envejece tal como se ha vivido. El descontento, la insatisfacción o la falta de intereses vitales no dependen del número de años cumplidos; por el contrario, obedecen a la ausencia de motivos para seguir activos. “Todos los viejos son iguales” es una frase alejada de la realidad. Es necesario abandonar los prejuicios sin fundamento que se proyectan sobre la vejez; en ocasiones, sus consecuencias negativas afectan incluso a las propias personas mayores.