viernes, 20 de marzo de 2020

Un Grito Por Los Viejos Por Saúl Guevara


Estamos viviendo un momento difícil en la comunidad mundial. Muchos han sido contagiados por coronavirus y todos estamos preocupados por la situación. Los cristianos tenemos una manera de leer la vida y la historia, que, ante esta visita inesperada de un virus, nos está pidiendo ayudarnos a descubrir nuestra fragilidad y sacar el Cristo que cada uno llevamos por dentro.

Por eso, los invito a adentrarnos en la confianza absoluta en Dios, fuente de salvación y de esperanza.

Bueno es recordar y hechar mano para reflexión del pasaje de la samaritana. En él encontramos a Jesús cansado del camino y sentado junto a un pozo en tierra de Samaria.

Jesús ahí, sentado, cansado, pide de beber a una mujer que reacciona preguntándole:

-       ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?, porque entre judíos y samaritanos había una tremenda barrera religiosa.

Nosotros, gracias a Dios, sabemos que todos somos hijos de Dios y hermanos. Ayudémonos unos a otros y no tengamos reparos en cuidarnos, permaneciendo especialmente pendientes de quienes más lo necesitan. Es bueno que, en estos momentos, obremos según nos dicen las autoridades sanitarias nacionales para atajar y vencer esta pandemia. Y que agradezcamos el esfuerzo y la entrega del personal sanitario, que piensa más en los demás que en ellos mismos.

Los invito a la oración y el diálogo con el Señor para descubrir nuestra verdad como hizo la samaritana. Dejemos que Jesús toque nuestro corazón en esta situación.

Tengamos esperanza y pidamos con todas nuestras fuerzas lo que aquella mujer pidió: “dame de esa agua”, es decir, dame paz, dame ese sosiego que necesito… dame de tu sabiduría para pasar esta copa…

Pidamos al Señor que cure a los enfermos y que termine con esta situación. Podemos hacerlo con una oración desde nuestra primera iglesia que es nuestra casa. Declarémosle al Señor que nosotros nos confiamos a Él, para la salud de los enfermos, declaremos las gracias a su sacrificio y que bajo de la Cruz para sanación de los enfermos, manteniendo una sola fe y firme.

En este contexto, en espera de que las autoridades sanitarias puedan fijar nuevas pautas, nuestros templos corporales está abierto para revivificar la fe, para que podamos orar y vivir en el silencio un diálogo abierto con el Señor.

Conscientes de que el contacto es el primer facilitador del virus, se anima a la gente a quedarse en casa el mayor tiempo posible y tenemos que extremar las precauciones. Por ello, os formulo las siguientes indicaciones:

1. Prevenir el contagio es una responsabilidad ciudadana y cristiana de primer orden en estos momentos. Cada persona y su comportamiento es el más importante factor de protección. Reitero las recomendaciones y la conveniencia de atender lo que determinen las autoridades sanitarias en cada momento.

2. Tenemos el deber de limitar al máximo la actividad grupal. La prudencia y la creatividad nos indicarán, en cada caso, cómo no dejar de atender servicios básicos. A modo de ejemplo, la evangelización de calle.

3. Aunque sea con un número muy limitado de fieles, procuren los pastorees celebrar una vez a la semana el compartimiento de la Palabra con una congregación reducida, veinte personas con restricciones en el modelo de culto, oración y predica puede ser sensato.

4. En las oraciones diarias en los hogares como en la congregacional se debe pedir para que el Señor ilumine y dé fuerza al personal sanitario, vele por los enfermos y que a todos nos haga responder con responsabilidad y solidaridad a este nuevo desafío, que también es ocasión de conversión.

5. Las medidas más concretas y extremas en cada caso, incluida la suspensión del culto público, podrán ser prudencialmente adoptadas según la autoridad nacional lo demanden a expensas también de nuevas indicaciones de las autoridades sanitarias.

6. Insisto en que en esta situación adversa no podemos olvidar el deber de atención espiritual y material a los enfermos, a los ancianos, a los pobres, a los niños y a las personas vulnerables, que, en nuestra tradición cristiana, ha constituido siempre la máxima preocupación.

Vivamos estos días de cuarentena en la alegría de nuestros hogares, es una oportunidad inesperada para la oración y la quietud, para encomendarnos a Dios, que es fuente de salvación y de esperanza.

Cristianos, no seamos cómodos, apáticos, no os encerréis en un lamento, son días difíciles. Usemos nuestras participaciones sociales en redes para el aliento, la esperanza, la bendición, ahí en el mundo muchos están deseando oír nuestro evangelio. Cuidemos nuestros viejos, ellos son los más amenazados.

POR ELLO EN EL NOMBRE DE JESUS CUBRO CON UNA UNCION DE SANIDAD A CADA ANCIANO DE CADA PAIS Y EXHORTO A SU FAMILIA Y A SU COMUNIDAD ECLESIASTICA A CUIDARLO CON ESMERO SANTO.

BENDITOS SEAN.



viernes, 13 de marzo de 2020

Cambios Mentales De La Tercera Edad Por Saúl Guevara


"Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos" Salmos 32:8 RV

La tercera edad no solo presenta en quienes la viven cambios físicos, sino que el modo de pensar también evoluciona principalmente en la memoria, atención, inteligencia y creatividad.

Cuando indagamos sobre la vejez, encontramos que la mayoría de personas piensan que la vejez es una etapa caracterizada por el declive en todas las funciones del organismo, incluyendo las del conocimiento o las relacionadas a él.

Pero contrario a ello, las investigaciones revelan que los cambios psicológicos en la memoria, la inteligencia, la atención o la creatividad propios del envejecimiento son menores de lo que creemos.

En esta edad, se dan cambios en la mayor parte de funciones y procesos psicológicos. Pero a modo general podemos afirmar que estos cambios no se producen de forma equivalente en todas las personas, sino que se ven influenciados de forma clave por factores como la salud física, la genética o el nivel de actividad intelectual y social.

En esta ocasión trataremos de focalizar el análisis del desarrollo durante la tercera edad en los aspectos psicológicos más estudiados en este campo: las capacidades atencionales, los distintos componentes de la memoria, la inteligencia y la creatividad.

a.    Atención

Es innegable la existencia de un declive en el funcionamiento de los procesos atencionales a lo largo que envejecemos, estos cambios no se dan por igual en todos los tipos de atención. Para entender el deterioro propio de esta etapa vital es necesario describir en qué consisten la atención sostenida, la dividida y la selectiva.

Es atención sostenida cuando una tarea requiere que mantengamos la atención fija en un mismo estímulo durante un periodo de tiempo relativamente prolongado. Las personas mayores son menos precisas al iniciar las tareas, pero su grado de acierto no se reduce más que el de los jóvenes a medida que pasa el tiempo.

Pero resulta más marcado el deterioro en la atención dividida, la que consiste en alternar la atención entre distintas fuentes estimulares o tareas. El grado de eficacia es más bajo cuanto mayor sea la dificultad y el número de las tareas a través de las cuales se evalúe este tipo de atención.

Ahora bien, la atención selectiva nos permite atender de forma prioritaria a determinados componentes estimulares, por encima de otras experiencias perceptivas menos relevantes. Las diferencias entre personas jóvenes y mayores sólo aparecen cuando las tareas son difíciles y cuando es necesario ignorar una cantidad importante de información irrelevante.

b.    Memoria

La memoria sensorial, que es la más inmediata de los almacenes de memoria, muestra generalmente un declive ligero, como consecuencia del envejecimiento. La memoria a corto plazo de tipo pasivo no parece verse afectada por la edad excepto por un pequeño descenso en la velocidad de recuperación de la información.

Diversos estudios longitudinales (los efectuados a lo largo del tiempo), revelan que la memoria operativa o de trabajo sí empeora a lo largo de la vejez, en especial a partir de los setenta años. Esto se asocia a las dificultades para manejar los procesos atencionales que hemos descrito en el apartado anterior.

En cuanto a la memoria a largo plazo, cuando requiere del material de tipo procedimental o declarativo no se producen déficits asociados a la vejez. En cambio, los recuerdos episódicos o autobiográficos se deterioran a medida que la edad avanza, si bien los de la segunda década de vida se mantienen más que los del resto.

Podemos resumir y afirmar que el deterioro de la memoria no se asocia a la vejez de forma directa sino a través de la aparición de déficits cognitivos de intensidad patológica, lo cual no sucede en todas las personas. Por otra parte, cuando los problemas de memoria son ligeros resulta relativamente sencillo compensarlos con estrategias conductuales.

c.    Inteligencia

Se han encontrado diferencias en la inteligencia en función de la edad, éstas son diferentes en función de si se investigan de forma transversal (comparando dos grupos de edades diferentes en un mismo momento temporal) o longitudinal (a lo largo del tiempo en los mismos individuos). Otro aspecto clave es la distinción entre inteligencia fluida y cristalizada.

La inteligencia cristalizada, hace referencia al conocimiento acumulado y a su manejo, no deja de aumentar a lo largo de la vida, excepto si se padece un trastorno de la memoria. En cambio, la inteligencia fluida, asociada a la eficiencia de la transmisión neuronal y otros factores biológicos, muestran un deterioro grande al menos desde los setenta años.

En este sentido cabe hacer una mención especial al fenómeno de la pérdida terminal, que consiste en un deterioro muy fuerte en las puntuaciones de CI a causa del declive físico. Como el resto de déficits intelectuales derivados de la vejez, la pérdida terminal se asocia en mayor medida a la inteligencia fluida que a la cristalizada.

d.    Creatividad

La creatividad se define como la capacidad humana para generar ideas nuevas y soluciones originales a través de la asociación de contenidos mentales ya existentes. En psicología se suele usar el concepto de “pensamiento divergente” o “lateral” para hacer referencia a esta capacidad, en oposición al pensamiento convergente o vertical, basado en la lógica.

Aunque las investigaciones en torno a la evolución de la creatividad en función de la edad son escasas, sus resultados sugieren que se mantiene e incluso mejora con el paso del tiempo en las personas que la ejercitan. No obstante, entre quienes no son especialmente creativas, tal capacidad es inferior en la vejez que en edades más tempranas.

Para concluir podríamos apuntar que la vejez no nos refiere a un confinamiento, es una etapa propia de la vida tan igual a la de la infancia u otras.






viernes, 6 de marzo de 2020

Tercera Edad: El Provecho Del Arte Por Saúl Guevara


1 Crónicas 22:15...16 "Además, contigo {hay} muchos obreros, canteros, albañiles, carpinteros y todo experto en toda clase de obra. Del oro, de la plata, del bronce y del hierro no hay límite. Levántate y trabaja, y que el Señor sea contigo"  

El habituarse a la práctica de ensayar actividades artísticas en personas de tercera edad tiene múltiples beneficios para la salud. Este tipo de actividad, como puede ser, la pintura, actúa de forma positiva en la salud y calidad de vida de este segmento generacional. Les ayuda a trabajar las capacidades de concentración, paciencia, perseverancia, disciplina y creatividad. Como también ayuda a combatir el sentimiento de soledad y de inutilidad.  

El arte es una herramienta que el ser humano ha utilizado para comunicarse desde su existir más antiguo y que va unida irremediablemente a la evolución del pensamiento y de la destreza motora.

El arte trasciende a todas las etapas de la vida, incluso a la consciencia y además cura. Aunque esta última afirmación no es del todo cierta para algunos autores e investigadores, numerosos estudios han demostrado que el arte o mejor dicho la creatividad artística, sí tiene propiedades terapéuticas y mejora la calidad de vida de quienes la practican, especialmente los segmentos poblacionales en los que la actividad cognitiva está desarrollándose, como es el caso de los niños y en los que tiende a deteriorarse, como es el caso de los ancianos.

En la practica de la pintura en los adultos mayores, son múltiples los beneficios que aporta. Un anciano e incluso yo, cuento que pintar le y me permite calmar el temperamento nervioso. Ayuda a disminuir los temblores y a trabajar la precisión manual. A nivel emocional, cada vez está más contento.

Leí en estos días en un periódico, el caso de un anciano que pinta cuadros a lápiz, óleo, acrílico y carboncillo. Lo que más le gusta pintar son paisajes, edificios, arte románico y arquitectónico. Se dedica a ello desde el momento de su jubilación, aunque anteriormente hacía dibujo lineal. Para él la pintura es una gran distracción, y le dedica todo el tiempo que puede. Usa silla de ruedas desde hace tiempo y con una patología complicada, asegura que la pintura ha hecho mucho bien en su vida, pues le ha ayudado a mirar adelante a verse en un futuro.

Esto se debe a que el grado de concentración y abstracción que se alcanza con esta actividad hace que entremos en un estado de abstracción cerebral que hace ignorar el dolor. Por otra parte el acto de recrear y crear expresiones de su propio ser, lo estimulan a hallar un sentido en su vida, máxime al encontrarnos en una sociedad que bombardea al anciano con propaganda segregante a su edad.

El arte es una manera muy fácil de acercarnos a los problemas y traumas y de conocernos a nosotros mismos a cualquier edad
Muchos de los expertos en el trato con personas de la tercera edad afirman, que el pintar y otras disciplinas artísticas, nos ayudan en nuestro ámbito comunicativo, ya que nos permite expresar de forma diferente lo que sentimos, lo que queremos, nuestra visión sobre algo, etc.

Esta forma de comunicación es especialmente relevante en personas con discapacidades que tienen déficits en la comunicación o en personas tímidas o que no son capaces de comunicarse verbalmente de forma fluida y natural.

El arte tiene esa virtud metaconsciente porque nos atraviesa de punta a punta el cuerpo, la mente y las emociones. De hecho, conecta mucho con la parte de los recuerdos, nos facilita el acceso a ellos. Así que la creatividad artística cobra especial relevancia cuando la desarrollan personas de tercera edad, un momento de la vida en el que más que servirnos para adquirir nuevas competencias, frena el deterioro cognitivo.

La Dra. Sacramento Pinazo-Hernandis, vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) explica cómo “la investigación neuropsicológica ha demostrado que realizar actividades artísticas aumenta la función cognitiva al producir nuevas conexiones neuronales y dendritas –pequeñas ramificaciones que brotan de la neurona encargadas de la recepción de estímulos– más fuertes”

El uso de diferentes utensilios necesarios para pintar, como lápices, carboncillos o pinceles, ayuda a desarrollar la motricidad fina, especialmente en las personas mayores que padecen entumecimiento de los dedos. La precisión en el manejo de los utensilios se va perfeccionando a medida que se trabaja esta capacidad.

El arte ni siquiera hace falta practicarlo, aunque su función se refuerza si lo hacemos; pero simplemente contemplarlo ayuda al cerebro a que continúe adaptándose, reestructurándose y expandiendo su potencial de incrementar la capacidad de reserva cognitiva en otras palabras quiere decir que busca vías o estrategias alternativas, para compensar las pérdidas.  

Nuestro cerebro interviene activamente en la actividad de pintar. El hemisferio izquierdo de nuestro cerebro, responsable de las tareas lógicas, está presente, así como el hemisferio derecho, responsable de la creatividad y la imaginación. Por tanto, cuando pintamos, estamos trabajando con el cerebro y desarrollamos su capacidad.

Una gran cantidad de recuerdos permanecen a la deriva de la inconsciencia incapaces de ser rescatados por una memoria que en edades avanzadas vive cada vez más débil. El arte interviene en la remembranza como una red de pesca. Para muchos estudiosos de la geriatría en sus diferentes ramas, es sorprendente la capacidad que tiene el arte para acceder a nuestro inconsciente. Cuando una persona entra en contacto con un recuerdo olvidado, a veces como defensa del propio organismo, se le ilumina la mirada. Los recuerdos están muy unidos a los sentidos y todo tiene que ver al final con el desarrollo evolutivo del ser humano para su supervivencia.

Si eso que permanecía oculto en la persona era el origen de un trauma, se libera y puede empezar a tratarse.

Cuando las personas mayores realizan actividades significativas que responden a un propósito, pueden desarrollarse y crecer en sus habilidades. Les hace ganar confianza en ellos mismos. Las experiencias que se tienen a partir del arte pueden ayudar a dotar de sentido las vidas de las personas mayores. Se sienten útiles e incluso ven incrementada su motivación para participar en actividades cotidianas.


Uno de los grandes males que aqueja a la población mayor es la progresiva pérdida de un sentimiento de pertenencia a una comunidad. Lo que experimentan es una sensación de soledad. Para esto también tiene cura el arte: el formato de pequeño grupo en la actividad puede ayudar a disminuir el aislamiento social de muchas personas que viven solas o se sienten solas. Ofrece una red de conexión y apoyo social, un espacio seguro para el intercambio de historias personales y la ilusionante determinación de emprender un proyecto común.

La creación artística es una vía para desarrollar y fomentar habilidades interpersonales. El arte es en definitiva una especie de maleta de herramientas que en función de cada caso particular se usa en uno u otro sentido.

Y ahora… Vamos a Pintar





viernes, 28 de febrero de 2020

La Fascinante Edad De La Vejez Por Saúl Guevara


La vejez no es solo cuestión de pensiones, comodidad, cuidados, seguridad material, alojamiento especial, es un estado de ánimo que refleja las condiciones físicas y mentales, pero también se deriva, sobre todo, del estado de ánimo de los no viejos respecto a la vejez.   

¿Qué significa ser viejo en nuestras sociedades? ¿Quién es viejo?

El concepto de vejez en nuestra sociedad es un concepto cultural, relacionado con la economía, la salud, la moral, la política y especialmente con la capacidad del individuo de generar recursos para su auto mantenimiento. Capacidad que está limitada por fechas fijas, es decir el llegar a cumplir los 55, 60 o 65 años de edad.

Desde un punto de vista biológico, el proceso de envejecimiento humano empieza muy pronto con relación a la duración cronológica de la vida y se manifiesta en hechos como el progresivo endurecimiento de determinados tejidos, la aparición de canas, la pérdida general de flexibilidad y otros cambios progresivos ampliamente estudiados por la medicina. Sin embargo, este proceso comienza a hacerse patente en el segundo o tercer decenio de vida, y nadie afirma que una persona de 30 años es vieja por estos motivos (por ejemplo, si le aparecen canas).

Es decir, el envejecimiento en el sentido psicobiológico es un proceso lento de pérdida de capacidades corporales que empieza a los 20 o 30 años, pero, en cambio, lo que se entiende por vejez es una cuestión cultural y social, por lo tanto, relativamente desvinculada de la evolución biológica.

Lo que se entiende por "individuo anciano" depende de las concepciones culturales
de cada pueblo.  

Todos queremos morir jóvenes... pero lo más tarde posible, es una frase que resume muy bien el gran anhelo de la mayoría de las personas de hoy en día. En una era en que todo gira alrededor de la belleza física, la juventud y la capacidad de producir, volverse viejo es la mayor desgracia que a alguien le puede ocurrir, por lo que hay que seguir tratando de parecer físicamente jóvenes hasta la muerte.

Así, lo peor de la vejez ya no es la presbicia, la artritis, la sordera, la falta de memoria o la calvicie que acompañan el paso de los años, sino el menosprecio con que se mira a quienes tienen más de seis o siete décadas sobre sus espaldas, porque ya no son tan jóvenes, ni bellos, ni productivos. Por esta razón, pasada cierta edad, la inmensa mayoría de las personas hace grandes e inútiles esfuerzos por desafiar lo indisociable: la fuerza de gravedad y sus estragos.

En lugar de estar disfrutando del retiro y de las delicias de no tener que estar sometidos a los años agites de los adultos en edad productiva, quienes entran en la tercera edad (55, 60 años o más) viven agobiados y dedicados a hacer todo lo posible y en muchas veces algo de lo imposible, por parecer mucho más jóvenes de lo que realmente son. Ya hoy los hombres se pintan el pelo y se hacen cirugías faciales para aparentar unos años menos. Parece que con los avances tecnológicos hemos logrado agregar años a la vida, pero no calidad de vida a los años.

Sería absurdo que la vida fuera tan injusta como para que todo lo bueno estuviera reservado para la juventud y todo lo malo para la vejez. Hace solo unas dos o tres generaciones los ancianos eran las personas más veneradas y respetadas de la sociedad. A una persona vieja se le solía tratar con la misma devoción y respeto que a un personaje muy importante. Hoy, por el contrario, a los viejos a menudo se les trata como a un estorbo, se les margina, se les ignora y se les insulta… ¿motivo? ser viejo.  

Pero por muchas que sean las pérdidas que acompañan la vejez, mayores son las ganancias.

Los viejos son nada menos que la reserva de afecto y bondad de la sociedad, además de que en ellos se reúne lo mejor de las etapas más maravillosas de la vida: la sabiduría de la vejez con la belleza y la pureza de la niñez.

Los viejos, como los niños, gozan de la capacidad de amar sin condiciones, a la vez que, de la sabiduría resultante de haber reflexionado y aprendido de las experiencias vividas, cosa que nunca, pero nunca tendrán los jóvenes, porque ello solo se adquiere según han pasado sesenta y más años.

El futuro no es algo a lo que estamos condenados, sino es algo que vamos construyendo. Pobres los de la actual generación de jóvenes, si no trabajan provisoriamente por devolverle a la tercera edad la categoría que se merece y por recuperar para nuestros mayores toda la veneración y la consideración que les corresponde. Y pobres de nosotros hoy viejos, si no procuramos recuperar el valor y la dignidad, dejando de luchar por parecer jóvenes y dedicándonos a aportar lo mucho que, en virtud de los años, tenemos para dar: el cariño incondicional, su profundidad, su benevolencia, etc.

Estamos dejando de gozar de las maravillas de la ancianidad, engañados por las banalidades que promete la sociedad de consumo centrada en la productividad.

El reto es transformar la actitud frente a la vejez, enseñándoles a los niños a alabar a sus abuelos, a apreciar su buen corazón, a gozar de su plenitud y de su serenidad y a aprender de su sabiduría.

Tenemos que devolverle a la tercera edad la categoría de edad de oro a la que todos añoremos llegar.

Se ha dicho que una persona no envejece cuando se le marchita la piel, sino cuando se le marchita el alma, y es en la vejez precisamente cuando el alma florece y alcanza su plenitud, cuando toda la belleza interior de los seres humanos se hace evidente y sirve para iluminar el paso de quienes les siguen en su trayectoria por la vida…

… "Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará." Salmo 1:3 RV    




viernes, 21 de febrero de 2020

Ser Feliz En La Tercera Edad Por Saúl Guevara


Vivir intensamente en la madurez de la vida es posible si, además de tener salud, se marcan metas diarias… Salmos 1:3 RV “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará." … Ser feliz es obligatorio. 

La vejez es una etapa de la vida que se puede vivir con gran intensidad y felicidad. Si las condiciones físicas y mentales las acompañan, las personas mayores tienen todo un mundo de posibilidades para disfrutar.

Los expertos aseguran que a esta edad la población cuenta con una mayor calidad de vida y que celebrar un centenario, que hace años era una noticia anecdótica, hoy es cada vez más habitual. Las cifras lo avalan: hay más personas centenarias en nuestros países, que hace 15 años.

¿Pero qué hay que hacer para sentirse feliz?

Muchas personas a veces prefieren empezar por señalar lo que no hay que hacer. Apuntan que lo que no puede ser es que hayan personas que cuando van a jubilarse o se sienten ya mayores, piensen que es una gran alegría, porque así podrán estar todo el día tumbados en el sofá, descansando y viendo como pasan las horas sin preocuparse de nada... Eso no puede ser.  

Repetimos “eso no puede ser”. Cuando un individuo se hace mayor, lo más importante para sentirse bien y feliz es mantenerse activo. Ahora es cuando tiene la oportunidad de realizar aquellas actividades que anteriormente, por falta de tiempo por las obligaciones laborales, no podía hacer.

En la vejez uno no se puede quedar en su domicilio vestido de negro. ¡Eso ya es historia! Eso era la actitud de generaciones pasadas, cuando se encerraban en casa esperando a envejecer hasta morir porque culturalmente estaba mal visto que salieran a divertirse, más aún las mujeres.

Debemos vivir, fomentar y aplicar un envejecimiento activo, lo que es una realidad cada vez más latente y permite concientizar a la sociedad de que se puede ser feliz, disfrutar y continuar con la sensación de sentirse útil.

Es fundamental que, cada día, las personas mayores se planteen una meta. La que sea. Pueden ser grandes metas, como estudiar una nueva carrera o aprender a realizar caminatas, o menos ambiciosas como arreglar un armario. Lo esencial es que diariamente haya un motivo por el que sentirse animado y valorizado.

El enemigo a derrotar en esta edad es la soledad. La soledad, es el gran enemigo

Los expertos en la materia coinciden al afirmar que la soledad es uno de los grandes enemigos de la vejez. En concreto más se calcula que el 27% de personas mayores viven solas en nuestras sociedades.

A veces esa soledad viene impuesta y es dolorosa porque se ha perdido a un ser querido, normalmente el cónyuge. Pero, aún en estos casos, estas personas tienen actualmente la bendición de poder dirigirse a algunas asociaciones de mayores, casas culturales u otras organizaciones donde ofrecen desde talleres de memoria a cursos para aprender a manejar las nuevas tecnologías, clases de ejercicio físico adaptadas a su edad y condiciones, actividades de pintura, costura, música... que les serán atractivas y que les servirían de estímulo para conocer a otras personas con los mismos intereses o situación. Mantener relaciones sociales ayuda mucho a sentirse activo y a cuidarse.

Los expertos aseguran que la vejez es una etapa que la vida regala y, como tal, hay que aprovecharla. Según estudios realizados, el 86% de La tercera edad espera mantenerse activo en la vejez.

Tener buena salud es el aspecto que más señalan para ser felices a pesar de los años. En este sentido, un 85% de los encuestados relaciona una vida feliz con una vida sana.

Casi todos coinciden en llevar una adaptación paulatina

Esto es porque la toma de conciencia del envejecimiento es progresiva y requiere una adaptación paulatina. El llevar este proceso de vida de la manera más saludable y en el mejor estado de forma posibles son variables sobre las que se puede influir si se adopta un estilo de vida saludable desde una edad temprana.

Sería deseable que pudiéramos pensar en la vejez con esta perspectiva temporal ya que, dentro de los achaques propios de la edad, un estado físico razonable es fuente de calidad de vida y bienestar».

Otros aspectos vinculados a la felicidad son una buena forma física, el tener una posición económica desahogada o por lo menos estable y digna, como el estar cerca de los seres queridos.

Hacer que nuestros mayores se sientan útiles realizando actividades adecuadas para su edad y aprendiendo cosas nuevas es una buena manera de evitar que caigan en una depresión. Además, con este tipo de actividades conocerán a otras personas en su misma situación con las que pueden compartir charlas y experiencias.

La familia también es un gran punto de apoyo a este respecto: visitar a nuestros mayores, ocuparnos de su bienestar, implicarles en los momentos importantes de nuestra vida y dejarles ver que no están solos es muy importante durante la tercera edad.

El cariño de la familia es insustituible, y a nosotros nos da una oportunidad de entregar de vuelta todo lo que nos ha sido dado por su parte de forma desinteresada.

Y no olvide, usted que tiene en su familia a uno o mas miembros de la tercera edad, tiene un compromiso de cultivarlos y cuidarlos, vea como la promesa de Dios se cumple en ellos y sus beneficios lo alcanzaran a Usted, porque… “Aun en la vejez darán fruto estarán vigorosos y muy verdes,” Salmo 92.14







viernes, 14 de febrero de 2020

La Edad De La Experiencia Por Saul Guevara


En su libro Los Abuelos Jóvenes (2002), el doctor en ciencias de la educación Oliveros F. Otero y el director de empresas José Altarejos hablan de “la edad de la experiencia”, pues algunos de los grandes hitos de la humanidad se han realizado justamente avanzada la madurez de los protagonistas. Platón, Aristóteles, Miguel Ángel y Cervantes son algunos ejemplos que citan estos autores al hablar de esta etapa en la que la experiencia encuentra la necesaria reflexión.

La mayoría de las personas no están llamadas a escribir libros de filosofía, a realizar avances en la aritmética o a revolucionar el mundo del arte, pero pueden ser todo eso y más para el espíritu en formación de sus nietos.

Dos novelistas de generaciones distintas reflexionan sobre el papel que desempeñaron los mayores en su vida. Luis Landero explica así la memoria que conserva de su abuela: “Recuerdo todavía trozos de cuentos que me explicaba, pero también canciones y fragmentos de zarzuelas. Tenía una memoria increíble en la que cabían un montón de cosas. Vivió 93 años y nunca estuvo enferma. Era tan analfabeta que apenas sabía escribir su nombre. Cuando iba a la plaza de su mano, a menudo me preguntaba: ‘Mira este cartel, ¿qué pone?’. Lo hacía más para estimularme que porque le interesara saber lo que ponía”.

Las personas maduras tienen mucha más habilidad para lidiar con conflictos interpersonales y en momentos de crisis en los que es importante no precipitarse

Iolanda Batallé, autora del libro La memoria de las hormigas (Gadir, 2010), cuenta en las entrevistas que un retrato de su abuela preside su escritorio. Ella le impulsó a soñar, a imaginar, le dio la seguridad de que podía convertirse en aquello que quisiera. En su libro habla de este modo del pragmatismo que a veces nos choca de las personas de edad avanzada: “Mi abuela siempre me lo decía: ‘Yo esto de la depresión no me lo creo. Si alguien está triste, pues que se levante y trabaje’. A veces, le había intentado explicar que la gente que sufría esta enfermedad no controlaba su cuerpo ni su mente, que a veces había personas que estaban tan tristes y cansadas que no podían levantarse para ir a trabajar. Ella me respondía: ‘Tonterías, niña, tonterías, todo esto es pereza. Si estás triste y cansada, miras la agenda, repasas las cosas que tienes que hacer y te dices a ti mismo: no estoy deprimido porque mi agenda no me lo permite’. No valía la pena discutir con mi abuela, puesto que en su mundo tenía razón”.

Para muchos, la figura del psicólogo o terapeuta suple esta voz de la experiencia, aunque se base en una escuela de pensamiento en lugar de en las propias vivencias. Porque ese es el tesoro de los abuelos: han visto tanto, en su existencia y en su entorno, que encuentran fácil lo que los nietos ven difícil y encuentran puertas allí donde los jóvenes sólo ven muros que se levantan ante ellos.

·         Una lección de sabiduría

La actriz Ingrid Bergman explicó de esta manera lo que se gana con la edad: “Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube, las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.

Hay un relato árabe ilustrativo sobre la sabiduría pragmática de los mayores, en contraposición con la pretensión de saber de los jóvenes. Cuenta que hubo una vez un anciano muy sabio, tanto que todos decían que en su cara se podía ver la sabiduría. Un buen día ese hombre decidió hacer un viaje en un barco donde iba un joven estudiante arrogante, que entró en el navío dándose aires de importancia, mientras que el anciano se limitó a sentarse en la proa a contemplar el paisaje y ver cómo trabajaban los marineros. Al poco, el estudiante tuvo noticia de que en el barco se encontraba un sabio y fue a sentarse junto a él. El anciano permanecía en silencio, y el joven decidió sacar conversación:

–¿Ha viajado mucho usted?
A lo que el anciano respondió:
–Sí.
–¿Y ha estado usted en Damasco?
Al instante el anciano le habló de las estrellas que se ven desde aquella ciudad, de los atardeceres, de las gentes y sus costumbres. Le describió los olores y ruidos del zoco y le habló de las hermosas mezquitas de la ciudad.
–Todo eso está muy bien –dijo el estudiante–. Pero… habrá estado usted estudiando en la escuela de astronomía, ¿verdad?
El anciano se quedó pensativo y, como si aquello no tuviese importancia, respondió:
–No.
El estudiante se llevó entonces las manos a la cabeza, sin creer lo que estaba oyendo:
–¡Pero entonces ha perdido media vida!
Al poco rato, el estudiante le volvió a preguntar:
–¿Ha estado usted en Alejandría?
Y, acto seguido, el anciano le empezó a hablar de la belleza de la ciudad, de su puerto y su faro. Del ambiente abarrotado de las calles, de sus tradiciones y de otras tantas cosas.
–Ya veo que ha estado usted en Alejandría –repuso el joven– . Pero, ¿estudió usted en la Biblioteca de Alejandría?
Una vez más, el anciano se encogió de hombros y dijo:
–No.
De nuevo, el estudiante se llevó las manos a la cabeza y dijo:
–Pero, ¡cómo es posible! ¡Ha perdido usted media vida!
Al rato, el anciano vio en la otra punta del barco que entraba agua entre las tablas. Entonces, preguntó al joven:
–Tú has estudiado en muchos sitios, ¿verdad?
El estudiante enhebró una retahíla sin fin de escuelas, bibliotecas y lugares de sabiduría que había frecuentado. Cuando por fin terminó, el viejo le preguntó:
–¿Y en alguno de esos lugares has aprendido natación?
El estudiante repasó las decenas de asignaturas que había cursado en los diferentes lugares, pero en ninguna de ellas estaba incluida la natación, así que respondió:
–No.
Al escuchar eso, el anciano se arremangó y, antes de tirarse al agua, dijo:
–Pues has perdido la vida entera.

Ahora piensa: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?” Marcos 8:36 NVI  








La Sabiduría De Los Abuelos Por Saul Guevara


Las personas mayores, a quienes a veces sin serlos les decimos abuelos, son una aprovechable y admirable fuente de experiencia, pragmatismo y serenidad, además de memoria viva sobre los asuntos humanos que nos atañen.

Casi todo el mundo guarda en su corazón un abuelo o abuela, a veces representados en un vecino o un allegado familiar, que fue fundamental para su formación emocional.

Estos mayores, liberados de la disciplina que tienen que aplicar los padres a los hijos, se convierten en unos maestros de vida que, con sus consejos, nos ayudan a ser lo que somos. Nos regalan su sentido común, la perspectiva que han ganado con los años y el arte de reírnos de las pequeñas calamidades que nos acechan en el día a día. Sin dejar de mencionar que también son excelentes narradores de historias que despiertan nuestra imaginación.

Han visto tanto, en su existencia y en su entorno, que encuentran fácil lo que los nietos ven difícil.

Desde un punto de vista antropológico, los abuelos desempeñan el papel similar al del anciano gurú en las antiguas tribus: aquella mujer u hombre sabio al cual todos pedían consejo cuando se encontraban ante cualquier dificultad.

En la sociedad que describe Homero en La Odisea y La Ilíada, antes de entrar en guerra, los hombres del poblado iban a consultar siempre al de mayor edad, porque había visto más situaciones que nadie y podía dar una visión sensata y no contaminada por la pasión que podía llevarlos a una mala valoración del enemigo.

La Biblia enseña claramente que los años de la vida, y, por consiguiente, vivir una larga vida es un don de Dios. Sólo Él es quien nos preserva o retira el aliento de vida.

En la infancia, los abuelos son puntales en el crecimiento, porque enseñan los secretos de una vida que ha madurado lentamente. Sobre eso, Gabriel García Márquez dice de su abuelo, con quien vivió hasta los ocho años en un pueblo que después transformaría –a través de la literatura– en Macondo: “Ha sido la figura más importante de mi vida. Desde entonces no me ha pasado nada interesante”.

Estas personas a las que agrupamos como miembros activos de la tercera edad, son para la vida humana un motor evolutivo; en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, los expertos llegaron a la conclusión de que lo que hoy llamamos tercera edad fue la clave de las sociedades que prosperaron hace 30.000 años. Los grupos humanos en los que había ancianos disponían de un mayor caudal de conocimientos, lo cual contribuyó decisivamente a la supervivencia colectiva y, con ello, multiplicó el número de gente mayor.

Rachel Caspari, de la Universidad de Michigan, y Sang-Hee Lee, de la Universidad de California en Riverside, descubrieron a través del estudio de 768 fósiles humanos que la posibilidad de llegar a una mayor edad dio a nuestra especie una ventaja evolutiva fundamental. Cuando los seres humanos empezaron a vivir más tiempo de promedio que otros primates, no sólo mejoraron las técnicas para conseguir alimento, cobijo y protegerse del resto de especies, también “empezó a observarse un cambio simbólico en la conducta. Encontramos expresiones artísticas. Se ve un gran número de personas que son enterradas con piezas de joyería, con ornamentos en sus cuerpos. Es muy posible que en esa época la gente comenzara a valorar y a cuidar a los débiles y a los ancianos, y a cambio se beneficiaran de su ayuda y experiencia”, afirma Caspari.

Otros estudios basados en la sociedad actual han demostrado que las personas maduras tienen mucha más habilidad que las jóvenes para lidiar con conflictos interpersonales y en momentos de crisis en los que es importante no precipitarse. Lo esencial no es que los adultos manejen más información, sino que saben leer mejor los desacuerdos entre las personas para extraer las claves que permitan darle la vuelta a la situación.

Contrariamente a lo que a menudo se dice, han descubierto que la gente mayor está más dispuesta a admitir otros puntos de vista, a asumir la incertidumbre y a aceptar que las cosas cambian con el tiempo.

Dejando de lado los estudios antropológicos y sociológicos, en la evolución personal que encarna cada ser humano suele haber como mínimo una persona mayor que ha marcado profundamente nuestra trayectoria.

En su libro ¿Qué es lo mejor de ser abuelos?, la escritora y profesora de creatividad Silvia Adela Kohan asegura: “La mayoría de abuelos son personas sabias, con una amplia visión sobre los asuntos humanos. Esto hace que puedan valorar lo que merece la pena y lo que no, además de apoyar a sus nietos y ayudarlos a que desarrollen su creatividad (...) De mis cuatro abuelos, el que yo recuerdo con más emoción es mi abuelo paterno, que nos venía a ver cada fin de semana con un bote de nata fresca. Desde entonces para mí abrir un bote de nata es contactar con mis antepasados”.   

Existen gran cantidad de pequeñas lecciones que aprendemos de nuestros mayores, tal vez porque con ellos bajamos la prevención que tenemos con nuestros progenitores o tal vez porque la figura mayor nos condiciona a verla como una figura amable y fiable, pero lo cierto es que, en la realidad, cada generación se rebela contra los padres y traba amistad con los abuelos.

Esa relación, que podríamos verla como un milagro intergeneracional obra la magia de unos maestros que han aprendido el arte de vivir despacio, sin ajetreos. Libres de la frenética exigencia de una vida que prioriza la productividad y que nos hace ir a marcha forzada, los abuelos tienen el tiempo que necesitan los pequeños para atender a sus preguntas, así como disposición para compartir sus propias aventuras y experiencias.

Eso no significa que no puedan ejercer el papel de padres si fuese necesario; pero lo cierto es que sobre los progenitores recae la responsabilidad de educar y velar por la salud con la dosis justa de autoridad: “Padres y abuelos son complementarios, los primeros aportan normas, disciplina, trabajo y límites; los segundos, ternura, tolerancia y tiempo; ambos son necesarios.”