viernes, 30 de marzo de 2012

La Vejez Vista En La Biblia


Para entender profundamente el sentido y el valor de la vejez, es preciso abrir la Biblia. Únicamente la luz de la Palabra de Dios, nos da la capacidad de explorar la plena dimensión espiritual, moral y teológica de esa época de la vida. Como estímulo para reexaminar el significado de la tercera y de la cuarta edad, sugerimos a continuación algunos puntos de referencia bíblicos, con observaciones y reflexiones sobre los retos que ellos representan en la sociedad que vivimos.

Levítico 19:32, Respeta al anciano: “Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová”

La consideración por el anciano, en la Escritura se convierte en ley: “Ponte en pie ante las canas y honra a tu Dios”. Además: “Honra a tu padre y a tu madre” Deuteronomio 5:16. Es preciso hacer todo lo posible para detener la tendencia, tan difundida hoy, a ignorar a los ancianos y a marginarlos, educando a las generaciones nuevas (Niños y Jóvenes) a no abandonarlos. Jóvenes, adultos y ancianos tienen necesidad los unos de los otros.

Salmo 44:1 “Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos”

Las historias de los patriarcas son particularmente explicitas al respecto. Cuando Moisés vive la experiencia de la zarza ardiente, Dios se le presenta así: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” Éxodo 3:6. Dios pone su propio nombre junto al de los grandes ancianos que representan la legitimidad y la garantía de la fe de Israel. El hijo, el niño, el joven encuentra a Dios siempre y sólo a través de los padres, de los ancianos.

En el trozo mencionado, junto al nombre de cada patriarca aparece la expresión “Dios de...”, para significar que cada uno de ellos hacía la experiencia de Dios. Y esta experiencia, que era el patrimonio de los ancianos, era también la razón de su juventud espiritual y de su serenidad ante la muerte. Paradójicamente, el anciano que transmite lo que ha recibido esboza el presente; en un mundo donde Satanás ensalza una eterna juventud, sin memoria y sin futuro, esto da motivo para reflexionar.

En la vejez seguirán dando fruto Salmo 92:14 “Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes”

La fuerza y grandeza de Dios se revela en la edad de la vejez, incluso cuando ésta se ve marcada por límites y dificultades. “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;  y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” 1 Corintios 1:27..28.

El propósito del proyecto de salvación de Dios, se cumple también en la fragilidad de los cuerpos ya no son jóvenes y están débiles, estériles e impotentes. Así, del vientre estéril de Sara y del cuerpo centenario de Abrahán nace el Pueblo elegido (leer Romanos 4:18..20. Y del vientre estéril de Isabel y de un viejo cargado de años, como estaba Zacarías, nace Juan el Bautista, precursor de Cristo. Incluso cuando la vida se hace más débil, el anciano tiene motivo para sentirse instrumento de la historia de la salvación: Salmo 91:16 “Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.” promete el Señor.

Eclesiastés 12”1 “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento”

Este enfoque bíblico de la vejez impresiona por su objetividad inobjetable y por otro lado, como lo recuerda el salmista, la vida pasa en un soplo y no siempre es suave y sin dolor: “Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.” Salmo 90:10. La Escritura nos llama, aquí, a no hacernos ilusiones acerca de una edad que lleva a malestares, problemas y sufrimientos. Y recuerda que se debe mirar hacia Dios durante toda la existencia, porque Él es el punto de llegada hacia el cual hay que dirigirse siempre, pero sobre todo en el momento del miedo que sobreviene cuando se vive la vejez como un naufragio; como la viven muchos sin objetivos y nuevas metas a alcanzar debido a que ya se dieron por vencidos y lo que es peor, pasan con medo a la muerte sin darse cuenta que ya han muerto.

Génesis 25:7 “Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo”

Este paso bíblico tiene una gran actualidad. El mundo contemporáneo ha olvidado la verdad sobre el significado y el valor de la vida humana, establecida por Dios, desde el principio, en la conciencia del hombre y con ella, el pleno sentido de la vejez y de la muerte.

La muerte ha perdido, hoy, su carácter sagrado, su significado de realización. Se ha transformado en tabú: se hace lo posible para que pase inobservada, para que no altere nada. Su telón de fondo también ha cambiado: si se trata de ancianos, sobre todo, se muere siempre menos en casa y siempre más en el hospital o en un instituto, lejos de la propia comunidad humana. Ya no se usan, especialmente en la ciudad, los momentos rituales de pésame y ciertas formas de piedad.

El hombre actual, se muestra o presenta como adormecidos, insensible ante las noticias (escritas, graficas y televisivas) diarias de la muerte que dan los medios de comunicación social, hace lo posible por no afrontar una realidad que le produce turbación, angustia, miedo. Entonces, inevitablemente, se queda solo ante la propia muerte. Los asesinatos masivos que en estos tiempos se cometen por medio de guerras entre naciones han hecho de la muerte una figura trivial de la cual muchos no se conmueven.

El miedo a la muerte difundido como una estrategia del enemigo, nos hace olvidar que el Hijo de Dios hecho hombre cambió, en la cruz, el significado de la muerte, abriendo de par en par al creyente las puertas de la esperanza: “...Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente...” Juan 11:25..26. A la luz de estas palabras, la muerte se presenta como el tiempo de la esperanza viva y cierta del encuentro cara a cara con el Señor.

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría” Salmo 90:12

Una de las gracias y atractivo de la longevidad, según la Biblia, es la sabiduría; pero la sabiduría no es necesariamente una prerrogativa de la edad. Es un don de Dios que el anciano debe acoger y ponerse como meta, para alcanzar esa sabiduría del corazón que da la posibilidad de “saber contar los propios días”, es decir, de vivir con sentido de responsabilidad el tiempo que Dios concede a cada cual.

Centro de esta sabiduría, es el descubrimiento del sentido más profundo de la vida humana y del destino trascendente de la persona en Dios. Y si esto es importante para el joven, con mayor razón lo será para el anciano, llamado a orientar su propia vida sin perder nunca de vista la « única cosa necesaria » (leer Lucas 10:42).

Salmo 71:1 “En ti, oh Jehová, me he refugiado; No sea yo avergonzado jamás”

Este salmo se destaca por su belleza, es una de las muchas oraciones de ancianos que se encuentran en la Biblia y que dan testimonio de los sentimientos religiosos del alma ante el Señor.

La oración es el camino real para una comprensión de la vida de las y en las personas ancianas. La oración es un servicio, un ministerio que los ancianos pueden ejercer para bien de toda la Iglesia y del mundo. Incluso los ancianos más enfermos o inmovilizados, pueden orar. La oración es su fuerza, la oración es su vida. A través de la oración, participan en los dolores y en las alegrías de los demás y pueden romper la barrera del aislamiento, salir de su condición de impotencia. La oración es un tema central y de él se pasa a la cuestión de cómo un anciano puede llegar a ser contemplativo.

La oración de nuestros ancianos actúa para que la providencia de Dios se muestre como un faro de luz que trae calma en la tempestad de las aflicciones de la vida en muchos de nosotros.

Un anciano agotado, en su cama, es como un monje, un ermitaño: con su oración puede abrazar al mundo. Parece imposible que una persona que haya vivido en plena actividad pueda volverse contemplativa. Pero hay momentos de la vida en los que se producen aperturas que benefician a toda la sociedad humana.

Recordemos y hagamos vida en su momento que el encuentro con Dios en la oración introduce  una fuerza que conmueve los corazones, los anima a renovarse y de este modo, se convierte en una potente fuerza de transformación de las estructuras sociales.

Hay muchísimo que aprender en nuestros días sobre la vejez, nada es nuevo, todo esta ahí en el catálogo del fabricante (un modo de llamar a la Biblia), tan solo es que leamos, busquemos, encontremos y actuemos... yo estoy actuando ¿y usted? Los invito a unirse a este círculo de 55ymás.

2 comentarios:

  1. Bendiciones les visito de El Salvador Centroamerica desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

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  2. Hermosa enseñanza...
    Gracias pastor.

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